El ritmo de su corazón fue secuestrado por las métricas del mercado y por la urgencia del cargo.
En el Protocolo del Reposo, sincronizo su biología con mi presencia. Cada inhalación y cada latido son guiados por el compás de mi rigor. Su sistema nervioso abandona la vigilancia y abraza la recepción.
[Soy el maestro de su aliento. Donde mi cadencia se impone, su estrés muere.]
Sosiéguese. Su vida ahora pulsa en mi tiempo.
