La intervención alcanza su punto de no retorno. El Tribunal de las Sombras evalúa la profundidad de su entrega y la solidez de su lealtad.
Aquí, el contrato de voluntad anticipada queda sellado con el rigor del Interventor. No existe margen para la duda ni para la vacilación ordinaria. Usted ha dejado de ser una visitante; es ahora un activo vital bajo tutela perpetua.
[El juicio ha concluido. Su libertad es ahora el cumplimiento exacto de mi orden.]
Habite mi dominio. Su destino ha sido debidamente protocolizado.
