No espere admiración por su porte ni por su elegancia. En Claustrum, su alto estándar es el requisito, no el objetivo. Su belleza es únicamente la calidad del mármol antes del cincel.
La Estética de la Obediencia exige que su disciplina externa sea el reflejo de su sumisión interna. Audito sus líneas, su postura y su silencio. Si su forma no es impecable, usted carece del temple necesario para mi rigor.
[Su belleza es el peaje de mi umbral; su obediencia es lo que me permite comenzar la obra.]
Sienta el alivio herético de no tener que ‘usar’ más su imagen. En el vacío de mi mando, su perfección física es solo el engranaje que acepta mi movimiento.