Usted vive prisionera de lo que ‘ellos’ piensan. Su imagen pública es un castillo de naipes que sostiene con el sudor de su ansiedad. En Claustrum, yo derribo ese castillo.
El Miedo Vacunal es la inoculación del rigor. La someto a una vigilancia técnica tan absoluta que el tribunal de la sociedad parecerá un juego infantil. Audito su entrega, su piel y su aliento con la frialdad de un interventor forense. Al enfrentar mi veredicto sin máscaras, usted queda inmune a la crítica ajena.
[Mi rigor es su vacuna: quien ya ha sido juzgada por mis sombras, no teme la luz de nadie.]
Sienta el alivio de estar ‘expuesta’ únicamente a mi mando. En el vacío de mi posesión, su reputación muere para que su soberanía pueda, finalmente, nacer.
