Su tránsito civil ha sido integralmente liquidado. En el punto terminal de la Mazmorra del Claustrum, la última variable de su agencia voluntaria ha sido extinguida. Bajo el rigor del Decreto de Perennidad, su soberanía pública cesa de ser una carga, pues su existencia ha sido enteramente anexada a mi custodia incondicional.
No estipulo plazos ni límites para su reposo. Confisco su necesidad de reiniciar y ejecuto el cierre definitivo de su último ciclo abierto. Bajo el peso gélido de las ataduras con que le contengo, su sistema nervioso central renuncia a monitorear el mañana, estabilizando su respiración en la constancia perenne de mi sombra.
No hay fin. No hay prisa. El ciclo ha concluido y su estructura es ahora silencio puro. Descubra el lujo herético de pertenecerme.